jueves, 27 de abril de 2017

El alma de los bosques

Imaginaos el típico paisaje natural sueco. ¿Qué animales encajan en él? Probablemente la mayoría habréis visualizado un alce o reno de forma prácticamente automática. Desde luego, estos mamíferos se podrían considerar un símbolo nacional. Cuando entras a una tienda de souvenirs, encuentras llaveros, camisetas y todo tipo de objetos representando este animalillo tan común en los países nórdicos. 

Guardianes de los bosques, solemne presencia, ágil caminar. Esta era la estampa que mi mente había definido antes de venir por estas tierras. Grandes alces que viven alejados de las poblaciones humanas, dominando su gélido territorio. Me preguntaba si tendría oportunidad de verlos alguna vez. La verdad es que mi idea no iba desencaminada, a excepción de la supuesta lejanía respecto a las ciudades. Resulta que una mañana, llega tarde una compañera a clase y nos dice "es que se habían metido dos alces en mi jardín y no podía sacar el coche". ¿Cómo? Sí. Pequeños problemas de la vida cotidiana por aquí. Se ve que si vives en los barrios más cercanos al bosque, donde una buena parte de los edificios son casas unifamiliares con jardín, hay bastantes probabilidades de que entren alces a catar los productos de tu huerto o -siempre y cuando parezcan apetitosas- tus flores. En el caso de mi compañera, la situación se presentaba complicada dado que la alce visitante era una mamá con un pequeño, con lo que intentarlos echar o acercarse a la cría para apartarla del coche hubiese supuesto un considerable riesgo (naturalmente, una madre hace cualquier cosa si percibe que su bebé está en peligro).

Anécdotas por el estilo resultan habituales en la zona del norte, donde abundan los pueblos y casas de campo. Más allá de quedarte sin flores o calabacines no hay mayor inconveniente, a no ser que tengas un manzano. Ojo con ello. Al ser rumiantes, cuando ingieren esta fruta se produce una especie de fermentación en su estómago que les induce borrachera. En tales circunstancias, nadie responde de sus actos. El simpático y tranquilo personaje se vuelve torpe, mareado, y su desorientación le lleva a lugares inimaginables. Hace unos años, apareció de madrugada un alce en Götaplasten, una de las plazas más céntricas de Göteborg. El vecino que lo vio llamó a la policía asegurando que no estaba loco, que realmente había un alce enorme y asustado en medio de la plaza. Se trata de un lugar lleno de coches, edificios y gente haciendo ruido al que un alce nunca iría por voluntad propia, pero había acabado allí por actuar bajo los efectos de la manzana. 




Yo ese día no vivía todavía aquí, así que para ver uno tengo la opción de pasear por una reserva natural o adentrarme en el bosque. El mes pasado tuve oportunidad de ver algunos de estos majestuosos animales y me sorprendió que no tuvieran cornamenta. ¿Acaso se trataba de alces jóvenes? No puede ser, eran gigantescos. Más tarde leí que es cíclica, dato curioso. Resulta que cada año les crece una cornamenta nueva siguiendo el ritmo de las estaciones del año, de forma que en invierno la pierden y en primavera vuelve a nacer. La lógica parece responder a sus necesidades, ya que no la usan por igual en las diferentes épocas del año. Misterio resuelto. ¡Cuántas cosas por descubrir del mundo en que vivimos!


jueves, 20 de abril de 2017

Plumas primaverales

Hace un par de semanas, se empezaron a decorar las calles de Göteborg con finas ramitas marronáceas y llamativas plumas de colores, dando un toque especial a decenas de rincones. Van inundando el paisaje y nadie desaprovecha la ocasión de unirse a la celebración de la llegada de la primavera: tiendas, bancos, salas de espera, casas particulares... 

Y es que, mientras en la península Ibérica se festeja la Semana Santa a golpe de tambor y procesiones, el ambiente nórdico profesa un estilo bien diferente. Aunque los días festivos también corresponden al calendario religioso, las tradiciones más populares tienen un carácter alegre y distendido. De hecho, me da la impresión de que mantienen cierta conexión con aquellos rituales ancestrales que homenajeaban la explosión de la primavera y su vivacidad de colores. Muchas flores vuelven a deleitarnos la vista y el olfato después de los meses de letargo, el sol nos visita cada vez más a menudo, la nieve va desapareciendo y los cantos de los pájaros ganan espacio en los parques y bosques.

Los habituales ramos de tronquitos y plumas pueden ser de diferentes tamaños y del color que cada cual prefiera, como se aprecia en las fotografías que tomé en el barrio de Haga. Respecto al material, algunas plumas son reales pero, por suerte, cada vez más personas optan por la opción sintética. Proporcionan el mismo efecto estético y de duración, con la ventaja de no herir a ningún ave para ello. La tendencia ha llegado a tal punto que un grupo de ciudadanos ha llevado este año al ayuntamiento una propuesta para establecer legalmente que todas las decoraciones de responsabilidad pública utilicen materiales alternativos sintéticos. Esperemos que la votación de sus frutos y de cara al futuro se aplique esta opción más ética.

Como veis, hay quien elige combinar varios colores, mientras que otra gente incorpora diversas tonalidades de una misma gama.

El segundo leitmotiv de estas fiestas son los huevos, que también se encuentran por doquier en todas sus variantes imaginables. La verdad es que da gusto visitar una tienda de manualidades o cualquier papelería en estas fechas y observar la cantidad de moldes, complementos y detalles de que disponen para crear tu propia versión. Infinidad de tamaños, texturas, tonos, materiales. ¡No hay excusa que valga! Los más pequeños suelen experimentar con ello en el cole durante los días antes de las vacaciones. Luego llega la parte más divertida, ya que es costumbre esconder varios huevos con sorpresa en el jardín de casa y que los niños pasen el día de Pascua jugando a buscarlos. Esta tradición posiblemente os suene por ser típica de otras sociedades, dado que comparte popularidad en varios países germánicos. 













Estas dos versiones en tonos morados y azules me gustaron especialmente.

Más allá de estas muestras tan cucas, hay comercios y supermercados que convierten la decoración de Pascua en una obsesión. Me refiero, por ejemplo, a ir a por la compra de la semana al supermecado y toparte con cientos de objetos superfluos -comestibles o no- con colores y formas que imitan huevos o ramilletes. Alcanza un nivel extravagante en algunos casos y, para mi desgracia, debo admitir que caí en la trampa dulce de comprar uno de los postrecitos de temporada. Aquí abajo veis lo gracioso del aspecto, detalles y mini huevos de caramelo incluidos. Mi ilusión se desvaneció al anclarle el diente: nada de relleno de chocolate como esperaba. Sólo azúcar. El azúcar más agrio que he probado en años. Imagino que alguien habrá a quien le guste, pero para mí fue novatada absoluta. El año que viene me quedo con disfrutar de la decoración urbana y mi conocida tableta de chocolate.



jueves, 6 de abril de 2017

De särbos va la cosa

Definitivamente lo de casarse no se lleva en este país. Reflexionaba sobre esta cuestión el otro día, ya que en poco más de seis meses voy a asistir a dos bodas de amigos españoles mientras que aquí no es algo demasiado visible. Parece que en la cultura sueca este ritual pasó de moda hace algunas décadas. 

La sospecha rondaba en mi mente desde hacía semanas y, por lo visto, no se limita a la superficial impresión de una recién llegada. Según dos estudios llevados a cabo por la Universidad de Göteborg y Svenska Kyrkan*, la juventud sueca interpreta el matrimonio como un compromiso demasiado serio y de costes elevados. Las investigaciones se realizaron por separado por parte de cada entidad, entrevistando a parejas jóvenes con el consiguiente seguimiento de sus relaciones durante unos años. Los resultados sorprendieron al equipo de investigadores y ambas derivan en la misma conclusión: se prefiere tener hijos a casarse. En otras palabras, contraer matrimonio resulta arriesgado, mientras que tener descendencia con otra persona se entiende como asequible y sencillo. Hubo alguna declaración en concreto que me llamó la atención por frecuente, afirmando que "no estoy segura de que mi relación tenga futuro, pero dado que mi pareja podría ser buen padre, encuentro razonable tener un hijo con él y, después, siempre podemos separarnos". Este razonamiento se repetía bastante tanto en mujeres como hombres, en su mayoría parejas heterosexuales. 

Honestamente, debo decir que leer semejante afirmación choca con mi visión y expectativas sobre las relaciones de pareja. Desde mi perspectiva conlleva mucha más responsabilidad tener un bebé con otra persona que casarme con ella. Al fin y al cabo, aunque al pedirle matrimonio a alguien esperas una relación próspera y con futuro, siempre queda la posibilidad del divorcio en caso de que la situación se tuerza. Y adiós muy buenas. En cambio, lo que implican los hijos en común es un lazo fuerte e inevitable de por vida, cuidarlos en común hasta que sean independientes, custodia compartida, e incluso cumpleaños y otras celebraciones indefinidamente. No veo la opción de firmar un papel y desandar lo andado.

Imagino que se trata de una cuestión de prioridades, todo depende del filtro cultural con el que se mire. ¿Qué estructura familiar es la predominante en Suecia, entonces? Pues por un lado podemos ser sambo respecto a nuestra pareja, es decir, vivir juntos sin casarnos. La ley reconoce este tipo de unión e intuyo que es la más común, en numerosas ocasiones con hijos incluidos. A partir de aquí existen varias versiones de este modelo, como por ejemplo ser särbo: pareja estable de larga duración cuyos integrantes viven separados (de la expresión sueca i sär). Por lo que he oído, esta alternativa se suele dar en parejas de personas mayores en que un integrante o ambos están viudos y pueden tener ya hijos mayores, por lo que desean entablar una relación romántica sin renunciar a su independencia ni volver a formar un núcleo familiar de vivienda compartida. Eso sí, la palabra que se me quedó grabada entre todo este vocabulario familiar por el toque cómico fácil respecto a la lengua castellana es mambo: persona que todavía vive con su madre/padre, de las menos habituales.


Fotografía de Gustav Adolf kyrkan, iglesia en Borås. Cada vez menos personas optan por la ceremonia religiosa.

Como no podía ser menos, la ley acoge estas organizaciones familiares con el término könsneutral äktenskaplag, que viene a significar "relaciones neutras en términos de género". Toda persona tiene derecho a elegir casarse o vivir como sambo en las mismas condiciones, independientemente de su género u orientación sexual. 






* Artículos con información sobre los estudios en: Monika Åstrom. Språkporten 1,2,3. Studentlitteratur, 2012.