jueves, 2 de febrero de 2017

Residencial paraíso

Parece ser que en el sur de Europa abunda la percepción de Escandinavia como el paradigma de esas sociedades racionales y ejemplares donde todo funciona, prosperidad y estabilidad imperan, hay trabajo y se valora el progreso, junto con un largo etcétera. Bueno, en numerosas ocasiones se cumple, no nos vamos a engañar. Así que cada año una notable cantidad de personas decide probar suerte y mudarse a algún país norteño. Al fin y al cabo...¿esto es Jauja, no? 

El hecho de llegar a un país con expectativas tan sumamente altas suele conllevar el equivalente riesgo de batacazo que, en el caso de Suecia, se da cuando te pones a buscar piso. La perfección no existe, ni siquiera en formato nórdico. Y es que encontrar un piso de alquiler en una zona razonable, por un precio adecuado y sin ser sueco se presenta como misión casi imposible. Ya ni te cuento si te pones manos a la obra con poco tiempo de antelación. 

¿Cómo es esto posible? Me explico. El sistema actual que rige la normativa de vivienda tiene su fundamento en la gran reforma llevada a cabo en el país hace algunas décadas con el objetivo de construir las bases de una sociedad del bienestar. En muchos aspectos es de admirar el resultado, como en la estabilidad laboral, el acceso a la educación u otros temas. En cuanto a vivienda, predominó el derecho de toda persona a tener un hogar, hasta aquí todo muy justo. La cuestión es que se puso en marcha estableciendo unas listas públicas para acceder al alquiler en las que te apuntas cuando un piso te interesa. Estas listas tienen un tiempo de espera que actualmente puede variar entre cuatro a siete años en las ciudades más grandes, es decir, Stockholm y Göteborg. Esto se debe a que por cada piso que se ofrece puede haber fácilmente decenas o hasta centenares de personas que se sitúan por encima de ti en dicha lista por tener más puntos.

Por otro lado, tienes dos opciones de contrato posibles: de primera o segunda mano. Si llegas a uno de primera mano, enhorabuena, de ahí nadie te puede mover. Incluso tienes derecho a cambiar tu piso por el de otra persona de contrato equivalente. El de segunda mano, en cambio, tiene fecha de caducidad y al finalizar vuelves a entrar en el círculo sin fin de las listas. El problema con estos contratos limitados es que no suelen durar más de seis meses, como máximo un año en los casos menos frecuentes.

En el centro de esta captura de pantalla podéis leer "cantidad de personas que buscan vivienda 53623" y debajo "cantidad de viviendas libres 326". Se trata de la web de alquiler de vivienda Samtrygg. Para ver más estadísticas en barrios concretos de cada ciudad podéis visitar Boplats.

Vista la situación, si acabas de aterrizar y dispones de poco tiempo, o bien aceptas un cuchitril lejos de la ciudad, o bien compras. Por lo que he ido viendo, la gente que se lo puede permitir acaba hipotecándose con un piso aunque haga escaso tiempo que vive aquí, dado que mudarte cada cuatro meses agota considerablemente. Por supuesto, hay algunas excepciones, como tener contactos y que alguien te alquile directamente su piso antes de publicarlo en la lista, una suerte insólita pero posible. También se da la circunstancia de algunas empresas que contratan a personas extranjeras y les echan un cable a la hora de encontrar piso, según me explicó una conocida que trabaja para la marca de automóviles más grande de Suecia.  

Pero no desesperes, siempre queda la opción de instalarse en el campo o cualquier diminuto pueblo del norte donde hay casas para elegir a precios irrisorios. Eso sí, en tal caso prepárate bien para ver nevar hasta en agosto y vivir seis meses al año de noche.






1 comentario:

  1. No sé si se plantean otro sistema para facilitar la vivienda. ¡Increíble!

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