miércoles, 6 de septiembre de 2017

¿Cuánto dura el verano en Suecia?



Tal cuestión me planteaba esta mañana mientras desayunaba viendo la lluvia a través de la ventana. A estas horas, ya puedo afirmar oficialmente que lleva más de diez horas seguidas chaparreando sin descanso. Nubes, niebla, gris en el cielo opaco. Curioso imaginar cómo el sol sigue brillando en algún lugar detrás de esa recia cortina de agua.

Siempre hay quien, al explicarle que te mudas a Suecia por voluntad propia, insiste en repetir: "¡Pero si allí no hay verano, con el frío que hace!". Era y soy consciente, la zona escandinava no es precisamente el Caribe europeo. Aun así, creo que hace falta vivir aquí un buen periodo de tiempo para comprender los matices del clima. 





Lo del frío no me importaba. Después de veintitantos años disfrutando y sufriendo el clima mediterráneo, tenía ganas de perder de vista por una temporada el calor extremo de sus bochornosos veranos. Salir a la calle y que el sol te aturda con su potencia, o directamente no poder estar al aire libre a determinadas horas del día no es lo más envidiable, de modo que los primeros meses nórdicos se desarrollaron sin menor preocupación. Cierto es, además, que el agosto pasado fue relativamente cálido llegando a rozar los veinte grados algún día que otro, haciendo mi primera impresión del verano sueca bastante benévola. 

Las semanas se suceden sin prisa pero sin pausa y llegan de la mano el precoz otoño seguido del blanco invierno. Todo bien, cumpliendo expectativas. Luego esperas con alegría la primavera, que llega a su manera, un tanto peculiar. Ya en marzo empieza a amanecer pronto, ganas minutos de luz cada día y lo notas, te activan. Llega un punto, diría que entre abril y mayo, en que se hace de día a las cuatro de la mañana con una claridad brutal. El cielo te regala todas esas horas de luz que te había negado durante el invierno, lo agradeces. Eso sí, la temperatura no acaba de subir. Flores por doquier, mil tonalidades, todo apunta al renacimiento del ciclo anual... pero calor, lo que se dice calor, no hace.

Sin darte cuenta y de forma sutil llega el verano. Te das cuenta porque se acaba el cole, la gente sale a la calle bien contenta, los parques y lagos se llenan de gente. Sí. Pero calor, lo que se dice calor, todavía no hace. Hay por supuesto días muy agradables, sales sin abrigo, durante las horas centrales del día estás en manga corta un poquito. Ya sabes, sin abusar, apreciando los detalles. Este es el verano sueco. Un verano que casi no he visto llegar, aunque sí marcharse. Como si de un guiño se tratara, el clima nos ofreció el fin de semana pasado un panorama soleado y festivo. "¡Despídete!", susurraban los árboles. Los primeros días de septiembre te dan lo que no has tenido en casi todo el verano y cierran con una semana de diluvio. Diluviando desdel lunes y sin probabilidad de amainar. Todo periodo de sol generoso y temperatura suave viene seguido de otro equivalente de lluvias torrenciales. Y ahora toca convivir con el fresco permanente hasta el año próximo.

Como si de una metáfora de la vida misma se tratara. Esculpiendo el carácter de la cultura sueca estación tras estación. 

domingo, 3 de septiembre de 2017

Las pasiones ocultas de los suecos


Alguna vez que otra os he hablado de costumbres que resultan especialmente populares entre mis conciudadanos suecos, así como de ciertas tendencias y tradiciones bastante comunes en el país. Sabéis, por ejemplo, que disfrutan decorando y redecorando sus hogares por temporadas, de aquí que uno de los más grandes y exitosos imperios en lo que a venta de muebles y accesorios para la casa se refiere sea de procedencia sueca. Vas a comprar cuatro cosas para convertir el salón de tu nuevo piso en un espacio más acogedor y encuentras campañas de todo tipo en las tiendas: "dale a tu casa un toque veraniego", "renueva los textiles de tu salón con una tonalidad rompedora", "viste tu casa al estilo escandinavo". Así que nada, todo el mundo de cabeza a comprar lámparas, velas y demás artilugios para cambiar el aspecto de tu hogar de arriba abajo, no sea que no estén al día de las últimas tendencias.

Otra cosa que parece encantarles es hacer fila. Sí, esperar haciendo cola para cualquier cosa en cualquier lugar. Si venís de vacaciones y os topáis con una de estas, sea en medio de la calle o en un comercio, os recomiendo preguntar a quien sea por qué espera. No sería la primera vez que un sueco se pone en la fila sin tener claro el motivo. Se trata de un fenómeno interesante, como una suerte de lógica implícita a la cual se responde situándose tranquila y sigilosamente en el último lugar de la hilera dispuesta a esperar pacientemente que llegue el turno. El momento. La resolución. ¿De qué?, eso ya se verá. Mira, dirás lo que quieras de la cultura latina, el sudeste asiático y similares, pero aquí se vive con una calma impresionante. Más allá de famas y etiquetas, palabra. Estrés cero. Si algo debe venir, llegará. En lugar de darle vueltas y preguntar, sale más a cuenta entrenar la paciencia y dedicar ese valioso tiempo a otra cosa, mariposa. 




Fila de compradores expectantes en la puerta de una conocida tienda de ropa sueca, por lo visto ya disfrutaban de hacer fila en 1947.

Hasta aquí todo cuadra, más o menos te encaja en los esquemas, vale. Pero fue esta pasada primavera cuando se me reveló la pasión sueca que bauticé como oculta. No me la veía venir. Reconozco que Suecia en un país que profesa un gran aprecio hacia lo musical, véanse bandas como ABBA o la cantidad de música que se produce aquí anualmente. Correcto. Pero fue mítico el experimentar la devoción sueca por Eurovisión y  el tinglado que se monta a su alrededor -por lo visto año tras año-. Reconozco que este concurso siempre me ha dado un poco de repelús, nada serio, pero es verdad. Bueno, pues aquí se presenta como el evento del mes de mayo. A parte del concurso previo nacional que convocan para elegir a quién va a representar a la nación delante de todo el continente (sí, soy consciente, esto es común en más países), la gente se pasa semanas hablando y discutiendo sobre el asunto. Se vuelve el tema de conversación imperdonable de la comida en la oficina, con colegas, vecinos, por todas partes...nadie se salva. La mayoría de mis conocidos se lo toman muy en serio "¡Oye, que nos la jugamos en Europa!". No nos andamos con chiquitas. Como artista, puedes pasar de orgullo nacional a decepción severa en una tarde. 

Así que, ya sabes, prepara tus palomitas y sé puntual en el sofá de casa para no perderte ni un minuto. Y para ir practicando el animar a tu grupo favorito, qué mejor que irte los viernes a uno de los populares karaokes nocturnos de la ciudad. ¡Micrófono, luces, acción! No imaginaba que una cultura que prescinde tanto de hablar disfrutara tanto cantando. Mejor todavía. 

domingo, 25 de junio de 2017

Celebrando Midsommar

Después de algunas semanas de parón, vuelvo con mis aventuras suecas para hablaros de una de las tradiciones más populares del verano nórdico. Reconozco que dicho descanso de escritura internauta ha durado más de lo que me planteé al publicar la última actualización, pero la vida ocurre y pasa a una velocidad que, a veces, se nos escapa de las manos. Como imaginaréis, adaptarse a un nuevo trabajo, en un país diferente, en una recién aprendida lengua...requiere bastante tiempo. De ahora en adelante planeo seguir compartiendo mis historietas aunque, eso sí, con más baja frecuencia :)


Dicho esto, vayamos al grano: ¿qué está pasando esta semana en Suecia? Casi todo el mundo se encuentra disfrutando una fiesta que llevan preparando semanas, conocida como Midsommar. En cierto modo, cabe afirmar que se trata del equivalente a San Juan, celebrado la pasada noche del veintitrés al veinticuatro en muchas zonas del sur de Europa. En el caso sueco, la fecha numérica puede variar con tal de adaptarla al penúltimo viernes del mes de junio, de modo que durante el día y la noche se llevan a cabo las celebraciones y el sábado siguiente se considera festivo de descanso -lo que equivale a ciudad desierta y comercios cerrados-.  

Una gran parte de la población aprovecha este fin de semana para irse a su sommarstuga o cabaña de verano, unas casitas de madera y alegres colores que tienen en el campo. Allí se reúnen con familia y/o amistades para comer recetas veraniegas y muchas, muchas fresas. Durante el día del viernes se monta el midsommastång o majstång, una gran barra o palo de varios metros de altura que se decora con flores, telas de colores e incluso pequeñas banderitas suecas en numerosas ocasiones. Dicha construcción adquiere una forma de cruz latina con dos aros que cuelgan de cada uno de los extremos respectivamente. A su alrededor bailan y cantan los asistentes alegremente como podéis ver en un cortito vídeo clicando en este enlace

Quien se queda en al ciudad tiene la opción de acercarse a uno de los parques más grandes, donde el ayuntamiento o la asociación de jardines organiza la versión urbana del evento. Allí compras una corona de flores para llevarla sobre la cabeza y...¡a disfrutar de los cánticos folclóricos! Del famoso palo os dejo un par de fotografías que tomé ayer paseando por los jardines del centro de Göteborg. Era justo el día posterior a la celebración así que, como observáis, se respira paz y tranquilidad. 

Sobre el significado del festejo, se suele decir que corresponde a un ensalzamiento de la fertilidad. Coincidiendo con el solsticio de verano, se trata de un momento del año en que las flores y cosechas brotan en todo su esplendor, hay abundancia de alimentos y recursos, y hace relativo buen tiempo. El sol brilla y nos ofrece horas de luz desde las cuatro de la madrugada hasta las once de la noche. En este contexto, pues, se celebra desde la antigüedad esta exuberancia otorgada por la naturaleza con alegría y agradecimiento. Por su parte, el majstång o palo de flores vendría a simbolizar un falo, elemento clave en la fertilidad humana, de modo que concordaría con el resto. Parece ser, además, una de las tradiciones más antiguas de la cultura sueca ya registrada en tiempos vikingos, de las pocas que sobrevivió a la ocupación e influencia cristiana pese a ser considerada un ritual pagano. 

Hoy en día, la mayoría de la gente simplemente celebra la llegada del verano, una de las estaciones más agradables del año escandinavo en la que (¡por fin!) se puede hacer vida al aire libre. Comer y beber, tumbarse en la hierba y tomar el sol modula el carácter de las masas, para mejor. Eso sí, la parte de la tradición que nadie me había contado y tuve que descubrir en propia piel fue que suele llover este día casi cada año. Después de una semana calurosa -de dieciocho a veinte grados- y viendo el sol casi a diario -una suerte incomparable-, llega el esperado día y nos cae el diluvio universal. Así que tendré que esperar hasta el verano que viene a ver si consigo cantar sin mojarme demasiado!



jueves, 27 de abril de 2017

El alma de los bosques

Imaginaos el típico paisaje natural sueco. ¿Qué animales encajan en él? Probablemente la mayoría habréis visualizado un alce o reno de forma prácticamente automática. Desde luego, estos mamíferos se podrían considerar un símbolo nacional. Cuando entras a una tienda de souvenirs, encuentras llaveros, camisetas y todo tipo de objetos representando este animalillo tan común en los países nórdicos. 

Guardianes de los bosques, solemne presencia, ágil caminar. Esta era la estampa que mi mente había definido antes de venir por estas tierras. Grandes alces que viven alejados de las poblaciones humanas, dominando su gélido territorio. Me preguntaba si tendría oportunidad de verlos alguna vez. La verdad es que mi idea no iba desencaminada, a excepción de la supuesta lejanía respecto a las ciudades. Resulta que una mañana, llega tarde una compañera a clase y nos dice "es que se habían metido dos alces en mi jardín y no podía sacar el coche". ¿Cómo? Sí. Pequeños problemas de la vida cotidiana por aquí. Se ve que si vives en los barrios más cercanos al bosque, donde una buena parte de los edificios son casas unifamiliares con jardín, hay bastantes probabilidades de que entren alces a catar los productos de tu huerto o -siempre y cuando parezcan apetitosas- tus flores. En el caso de mi compañera, la situación se presentaba complicada dado que la alce visitante era una mamá con un pequeño, con lo que intentarlos echar o acercarse a la cría para apartarla del coche hubiese supuesto un considerable riesgo (naturalmente, una madre hace cualquier cosa si percibe que su bebé está en peligro).

Anécdotas por el estilo resultan habituales en la zona del norte, donde abundan los pueblos y casas de campo. Más allá de quedarte sin flores o calabacines no hay mayor inconveniente, a no ser que tengas un manzano. Ojo con ello. Al ser rumiantes, cuando ingieren esta fruta se produce una especie de fermentación en su estómago que les induce borrachera. En tales circunstancias, nadie responde de sus actos. El simpático y tranquilo personaje se vuelve torpe, mareado, y su desorientación le lleva a lugares inimaginables. Hace unos años, apareció de madrugada un alce en Götaplasten, una de las plazas más céntricas de Göteborg. El vecino que lo vio llamó a la policía asegurando que no estaba loco, que realmente había un alce enorme y asustado en medio de la plaza. Se trata de un lugar lleno de coches, edificios y gente haciendo ruido al que un alce nunca iría por voluntad propia, pero había acabado allí por actuar bajo los efectos de la manzana. 




Yo ese día no vivía todavía aquí, así que para ver uno tengo la opción de pasear por una reserva natural o adentrarme en el bosque. El mes pasado tuve oportunidad de ver algunos de estos majestuosos animales y me sorprendió que no tuvieran cornamenta. ¿Acaso se trataba de alces jóvenes? No puede ser, eran gigantescos. Más tarde leí que es cíclica, dato curioso. Resulta que cada año les crece una cornamenta nueva siguiendo el ritmo de las estaciones del año, de forma que en invierno la pierden y en primavera vuelve a nacer. La lógica parece responder a sus necesidades, ya que no la usan por igual en las diferentes épocas del año. Misterio resuelto. ¡Cuántas cosas por descubrir del mundo en que vivimos!


jueves, 20 de abril de 2017

Plumas primaverales

Hace un par de semanas, se empezaron a decorar las calles de Göteborg con finas ramitas marronáceas y llamativas plumas de colores, dando un toque especial a decenas de rincones. Van inundando el paisaje y nadie desaprovecha la ocasión de unirse a la celebración de la llegada de la primavera: tiendas, bancos, salas de espera, casas particulares... 

Y es que, mientras en la península Ibérica se festeja la Semana Santa a golpe de tambor y procesiones, el ambiente nórdico profesa un estilo bien diferente. Aunque los días festivos también corresponden al calendario religioso, las tradiciones más populares tienen un carácter alegre y distendido. De hecho, me da la impresión de que mantienen cierta conexión con aquellos rituales ancestrales que homenajeaban la explosión de la primavera y su vivacidad de colores. Muchas flores vuelven a deleitarnos la vista y el olfato después de los meses de letargo, el sol nos visita cada vez más a menudo, la nieve va desapareciendo y los cantos de los pájaros ganan espacio en los parques y bosques.

Los habituales ramos de tronquitos y plumas pueden ser de diferentes tamaños y del color que cada cual prefiera, como se aprecia en las fotografías que tomé en el barrio de Haga. Respecto al material, algunas plumas son reales pero, por suerte, cada vez más personas optan por la opción sintética. Proporcionan el mismo efecto estético y de duración, con la ventaja de no herir a ningún ave para ello. La tendencia ha llegado a tal punto que un grupo de ciudadanos ha llevado este año al ayuntamiento una propuesta para establecer legalmente que todas las decoraciones de responsabilidad pública utilicen materiales alternativos sintéticos. Esperemos que la votación de sus frutos y de cara al futuro se aplique esta opción más ética.

Como veis, hay quien elige combinar varios colores, mientras que otra gente incorpora diversas tonalidades de una misma gama.

El segundo leitmotiv de estas fiestas son los huevos, que también se encuentran por doquier en todas sus variantes imaginables. La verdad es que da gusto visitar una tienda de manualidades o cualquier papelería en estas fechas y observar la cantidad de moldes, complementos y detalles de que disponen para crear tu propia versión. Infinidad de tamaños, texturas, tonos, materiales. ¡No hay excusa que valga! Los más pequeños suelen experimentar con ello en el cole durante los días antes de las vacaciones. Luego llega la parte más divertida, ya que es costumbre esconder varios huevos con sorpresa en el jardín de casa y que los niños pasen el día de Pascua jugando a buscarlos. Esta tradición posiblemente os suene por ser típica de otras sociedades, dado que comparte popularidad en varios países germánicos. 













Estas dos versiones en tonos morados y azules me gustaron especialmente.

Más allá de estas muestras tan cucas, hay comercios y supermercados que convierten la decoración de Pascua en una obsesión. Me refiero, por ejemplo, a ir a por la compra de la semana al supermecado y toparte con cientos de objetos superfluos -comestibles o no- con colores y formas que imitan huevos o ramilletes. Alcanza un nivel extravagante en algunos casos y, para mi desgracia, debo admitir que caí en la trampa dulce de comprar uno de los postrecitos de temporada. Aquí abajo veis lo gracioso del aspecto, detalles y mini huevos de caramelo incluidos. Mi ilusión se desvaneció al anclarle el diente: nada de relleno de chocolate como esperaba. Sólo azúcar. El azúcar más agrio que he probado en años. Imagino que alguien habrá a quien le guste, pero para mí fue novatada absoluta. El año que viene me quedo con disfrutar de la decoración urbana y mi conocida tableta de chocolate.



jueves, 6 de abril de 2017

De särbos va la cosa

Definitivamente lo de casarse no se lleva en este país. Reflexionaba sobre esta cuestión el otro día, ya que en poco más de seis meses voy a asistir a dos bodas de amigos españoles mientras que aquí no es algo demasiado visible. Parece que en la cultura sueca este ritual pasó de moda hace algunas décadas. 

La sospecha rondaba en mi mente desde hacía semanas y, por lo visto, no se limita a la superficial impresión de una recién llegada. Según dos estudios llevados a cabo por la Universidad de Göteborg y Svenska Kyrkan*, la juventud sueca interpreta el matrimonio como un compromiso demasiado serio y de costes elevados. Las investigaciones se realizaron por separado por parte de cada entidad, entrevistando a parejas jóvenes con el consiguiente seguimiento de sus relaciones durante unos años. Los resultados sorprendieron al equipo de investigadores y ambas derivan en la misma conclusión: se prefiere tener hijos a casarse. En otras palabras, contraer matrimonio resulta arriesgado, mientras que tener descendencia con otra persona se entiende como asequible y sencillo. Hubo alguna declaración en concreto que me llamó la atención por frecuente, afirmando que "no estoy segura de que mi relación tenga futuro, pero dado que mi pareja podría ser buen padre, encuentro razonable tener un hijo con él y, después, siempre podemos separarnos". Este razonamiento se repetía bastante tanto en mujeres como hombres, en su mayoría parejas heterosexuales. 

Honestamente, debo decir que leer semejante afirmación choca con mi visión y expectativas sobre las relaciones de pareja. Desde mi perspectiva conlleva mucha más responsabilidad tener un bebé con otra persona que casarme con ella. Al fin y al cabo, aunque al pedirle matrimonio a alguien esperas una relación próspera y con futuro, siempre queda la posibilidad del divorcio en caso de que la situación se tuerza. Y adiós muy buenas. En cambio, lo que implican los hijos en común es un lazo fuerte e inevitable de por vida, cuidarlos en común hasta que sean independientes, custodia compartida, e incluso cumpleaños y otras celebraciones indefinidamente. No veo la opción de firmar un papel y desandar lo andado.

Imagino que se trata de una cuestión de prioridades, todo depende del filtro cultural con el que se mire. ¿Qué estructura familiar es la predominante en Suecia, entonces? Pues por un lado podemos ser sambo respecto a nuestra pareja, es decir, vivir juntos sin casarnos. La ley reconoce este tipo de unión e intuyo que es la más común, en numerosas ocasiones con hijos incluidos. A partir de aquí existen varias versiones de este modelo, como por ejemplo ser särbo: pareja estable de larga duración cuyos integrantes viven separados (de la expresión sueca i sär). Por lo que he oído, esta alternativa se suele dar en parejas de personas mayores en que un integrante o ambos están viudos y pueden tener ya hijos mayores, por lo que desean entablar una relación romántica sin renunciar a su independencia ni volver a formar un núcleo familiar de vivienda compartida. Eso sí, la palabra que se me quedó grabada entre todo este vocabulario familiar por el toque cómico fácil respecto a la lengua castellana es mambo: persona que todavía vive con su madre/padre, de las menos habituales.


Fotografía de Gustav Adolf kyrkan, iglesia en Borås. Cada vez menos personas optan por la ceremonia religiosa.

Como no podía ser menos, la ley acoge estas organizaciones familiares con el término könsneutral äktenskaplag, que viene a significar "relaciones neutras en términos de género". Toda persona tiene derecho a elegir casarse o vivir como sambo en las mismas condiciones, independientemente de su género u orientación sexual. 






* Artículos con información sobre los estudios en: Monika Åstrom. Språkporten 1,2,3. Studentlitteratur, 2012.

jueves, 30 de marzo de 2017

Sobre gomina y postureo

Existe una norma tácita en el ámbito laboral sueco que a mi parecer resulta bastante ventajosa y es relativa al código de vestimenta. Cuando empiezas a trabajar en una nueva oficina o te citan a una entrevista de trabajo, no es necesario que renueves tu armario ni desempolves tus mejores galas: te espera un ambiente más bien informal. Lo más habitual es que te quites los zapatos nada más entrar al recibidor y andes en calcetines como en tu casa, cada cual viste según su estilo y personalidad, algo que se percibe como natural. Esta pauta se aplica también a los cargos más altos, si tu jefa aparece en chándal en tu despacho, mejor disimula tu gesto de asombro. 

Por supuesto y como todo en la vida encontrarás excepciones, por ejemplo las personas que trabajan de cara al público o aquellas que promocionan determinadas marcas o productos. El domingo pasado fui a dar precisamente con una de estas raras situaciones en las que el canon se incumple. Resulta que el contrato de alquiler de nuestro piso finaliza dentro de unos meses y, dado lo difícil que es encontrar techo aquí como probablemente leerías algunas publicaciones atrás, decidimos prepararnos para considerar todas las opciones y asistimos a la visita de un piso en venta. 

Todo comienza reservando hora para ver el apartamento, hasta aquí nada nuevo. El intríngulis se manifiesta cuando llegas a la puerta del lugar en sí y da comienzo el ritual. Una buena cantidad de personajes tienen cita a la vez que tú, desde varias parejas hasta un chaval que se independiza y viene con su madre a ver el piso, pasando por algún que otro vecino que aprovecha para echar un vistazo y coger ideas de estilismo para su casa. ¿Tan bonito era como para inspirar a las masas? Bueno, más bien se trata de que, al vender un inmueble, uno de los servicios que contratas es una empresa que se encarga de dejar tu casa cual pisazo de revista. Completamente impecable y con una decoración exquisita. Hasta una macetita con albahaca fresca te colocan en la encimera de la cocina por el módico precio de unos dos mil euros -¡en total, no por la plantita!-. No es que sea obligatorio en sí, pero si se te ocurre obviar el tema tu anuncio será tachado de defectuoso y bajará radicalmente el número de personas interesadas. Todo el mundo encarga esta prestación para que, además, un fotógrafo profesional saque la mejor perspectiva posible de su morada. 

Pero vaya, volviendo al propio ritual, nos topamos con el oficiante. Un sujeto de pelo exageradamente engominado te da la bienvenida con un apretón de manos y se ofrece a resolver cualquier duda respecto al piso. Menudo traje. Semejante pinta. A partir de ahí los potenciales compradores pasean a sus anchas y examinan el entorno. A su disposición, pequeñas revistas que se pueden llevar a casa con la información del piso y fotografías tan pomposamente retocadas que hay que esforzarse para reconocer las habitaciones que te encuentras inspeccionando. Así cuentas con los datos de contacto y te lo puedes pensar en casa tranquilamente, ¿verdad? Sí, considera el tema apaciblemente durante cuarenta y ocho horas, que es cuando comienza la subasta. En caso de que durante la visita el piso te interese, rellenas una ficha con tus datos para entrar en la siguiente fase, de manera que podrás pujar partiendo del precio de salida. ¿Divertido? No tiene desperdicio.




Como intuiréis, mi pareja y yo decidimos no seguir con el proceso de lucha por el apartamento, aunque nadie niega que fuese una mañana bastante entretenida. Lo curioso de adquirir una vivienda en este país es que no sólo debes tener en cuenta el precio final del piso junto con los intereses de la hipoteca, sino también los gastos de comunidad. Comprar un inmueble equivale a comprar un derecho a residir en ese lugar, de modo que el propietario final o responsable en última instancia es una empresa inmobiliaria. Por ello, el importe comunitario que te comento supone pagar mensualmente tu membresía dentro de la empresa correspondiente, que se encarga de garantizar agua, calefacción y mantenimiento. Este desembolso suele rondar los trescientos euros y supone una atadura económica hasta el final de los tiempos. 

En fin, haremos lo posible por llegar a buen puerto el próximo otoño, residencialmente hablando.


jueves, 23 de marzo de 2017

El derecho a la naturaleza

El equinoccio de primavera ha llegado con fuerza este año alegrándome las mañanas nórdicas. Esa luz que se ha ido manifestando con cuentagotas durante los últimos meses lleva toda esta semana inundando la ciudad. Imagino que estaría esperando pacientemente el comienzo oficial de esta dulce estación. La verdad es que se agradece de corazón y la gente se echa a las calles como despertando de un prolongado letargo. 

Con el gusto que le he cogido a pasear por el bosque entre árboles frondosos y ardillas, no veo el momento de poder disfrutar de ello dejando el abrigo de invierno en el armario. Cuando la temperatura permita comer en el césped y tumbarse a la bartola, ya ni te cuento. De hecho, una de las costumbres suecas que tengo pendiente de experimentar es la de comprar una parrilla desechable en el supermercado y montar una buena merendola campestre. Me resulta curioso lo popular que es esta práctica y lo poco que perjudica el paisaje natural. La gente queda, monta su barbacoa provisional y, posteriormente, deposita los restos en las papeleras especiales dedicadas a ello en los parques. 

Aunque suene a sentido común, desgraciadamente los campos no suelen estar tan limpios en otros países, razón por la que la fama sueca en este caso me parece justificada. Dicho respeto por la naturaleza se ve reflejado, por ejemplo en el Allemansrätt, una interesante normativa propia de algunos países escandinavos que hace referencia al derecho de toda persona a disfrutar de los espacios naturales abiertos. No se refiere necesariamente a un parque natural o reserva protegida, sino que incluye cualquier terreno al aire libre. Por un lado, defiende la posibilidad de acampar, pasear o coger bayas; mientras que por el otro requiere la obligación de preservar la flora y fauna de estas áreas. Un equilibrio razonable, al menos en la teoría.

Lo mejor del caso es que no hace falta ir nada lejos para descubrir dichas zonas naturales. A las afueras de la ciudad hay un lago precioso al que fuimos a pasar algunos días el verano pasado y se ha convertido en una de mis favoritas. Los días más calurosos está lleno de familias y grupos de amigos que chapotean e incluso se bañan en la orilla. Para mí ese agua estaba peor que gélida pero, ya se sabe, todo es relativo. Me atraía más la idea de probar a ir en canoa porque, aun habiendo vivido siempre cerca de ríos y mar, nunca me había animado a darle una oportunidad a este deporte. A la derecha ves una foto que tomé en uno de los descansos.

Otro de los entornos a los que me he aficionado está detrás de casa. Tengo la suerte de situarme al lado de un parque con una pequeña montaña desde donde se ve prácticamente toda la ciudad. Al principio me chocaba este concepto de parque, ya que comparándolo con los parques municipales a los que estaba acostumbrada este me da la impresión de auténtico bosque, un oasis urbano. Se llama Keillers park y corresponde a la imagen inferior.

¡Ojalá duren estos días soleados!





jueves, 16 de marzo de 2017

Encantadores jardines urbanos

Le estamos cogiendo el gusto a esto de escaparnos algún que otro finde  a explorar las inmediaciones de nuestro nuevo hogar, así que a finales de la semana pasada fue el turno de Malmö, la tercera ciudad más grande de Suecia 

El viernes después de comer pusimos rumbo al sur sin desmesuradas expectativas ya que, aún tratándose de una de las poblaciones más famosas del país, éramos conscientes de que aquí las ciudades no suelen contar con tantos atractivos históricos en comparación con una buena parte de las europeas, además de que acostumbran a ser de menor tamaño. Fuera precisamente a raíz de ello o no, nos llevamos una impresión de lo más agradable. Los principales puntos de interés malmoguienses se encuentran concentrados cerca del centro o en el propio casco antiguo, cosa que facilita el llegar a pie a todas partes. Malmö es una localidad esencialmente marítima y desde sus orígenes se ha desarrollado orientada al agua, tendencia que se percibe paseando por el muelle. Una de sus particularidades más llamativas es que conserva edificios relativamente antiguos, característica que no abunda en otros municipios suecos, y manifiestan un estilo nórdico muy acogedor. Si a ello le sumamos las sobrias iglesias en piedra, alguna que otra escultura abstracta y el célebre rascacielos Turning Torso, la ciudad nos ofrece un panorama arquitectónico bien peculiar.  




También debo admitir que tuvimos una suerte descomunal con el tiempo. Aunque las horas de luz han ido aumentando desde mediados de febrero, por cada día soleado tienes diez nublados. De hecho, si no me fallan los cálculos, el sábado pasado fue el primer día del mes de marzo que pude disfrutar el contacto del sol en mi piel directamente. Por supuesto seguía haciendo un frío considerable, pero con unos suaves rayos de sol todo se lleva mejor. Así, recorrer las amplias calles de la ciudad y sentarse en la playa de Ribersborg daba un gustazo estupendo. La orilla estaba llena de gente paseando perretes y disfrutando de la vista del horizonte, donde me dio la sensación de distinguir tanto el puente que conecta con Dinamarca como la silueta del país vecino. 

Por otro lado, si algo destaco hasta ahora como uno de los detalles que más me gustan de las ciudades suecas son las abundantes zonas verdes. Están por todos los rincones y Malmö no supone una excepción. En su caso, una considerable parte de los parques son ni más ni menos que cementerios. Es algo que da qué pensar ya que, al menos hasta donde yo conozco la cultura española -incluso diría peninsular en general-, a un cementerio vas cuando se muere alguien o lógicamente asuntos relacionados con ello, pero no como excursión de disfrute. Vamos, en cualquier caso, no he visto hasta día de hoy a nadie hacer pícnic en dichos lugares, fenómeno que por el contrario aquí si se da.




De este modo, repartidos por el núcleo de la ciudad hay más de un recinto bien cuidado y presentado como jardín-cementerio, donde ves papás paseando a sus bebés en carrito, parejas tomando la fresca o niñas correteando. El que encuentras destacado en el mapa dirigido a turistas es el fotografiado aquí arriba, conocido como "el antiguo". Sin embargo, callejeando por uno de los barrios residenciales cercanos al centro fuimos a parar a uno enorme, que en cierta manera evocaba una atmósfera bucólica con simpáticos conejos saltando por la hierba en libertad.

Todos los que he visitado hasta ahora, incluyendo los de mi ciudad, parecen estar cuidadosamente planificados no sólo respecto a distribución del espacio sinó también cuanto a flora. Nunca faltan alegres florecillas en tonos amarillos y blancos, que dan vida al manto verde sin quitar protagonismo a las sencillas tumbas. Desde mi inevitable perspectiva de historiadora del arte dichos paseos adquieren un matiz fascinante, ya que disfruto fantaseando sobre cómo eran las vidas de aquellas personas que llevan ahí enterradas desde inicios del 1800. Del mismo modo, es curioso observar las esculturas que acompañan las tumbas menos austeras, mientras que otras siguen una sencilla tendencia fruto de la fe protestante de sus inquilinos.


jueves, 9 de marzo de 2017

Momento fika

Imposible retrasar más el momento de hablaros sobre aquella costumbre que urge comprender una vez llegas a Suecia: sí, ha llegado la hora del fika. Una vez empiezas a integrarte en la sociedad, surgirá ese instante en que alguien te propone tomar fika, ya sea en ámbito laboral, de ocio o, de hecho, en cualquier otro contexto. 

Pero, ¿qué clase de invitación es esta, qué supone, cómo actuar? Me place comunicarte que, en principio, no existe necesidad alguna de alarmarse. Se trata del método estándar escandinavo de socialización y, siguiendo este modo de proceder, aumentarán las probabilidades de entablar una amistad o una adecuada relación con tus colegas en el ámbito laboral, por ejemplo. Pongamos por caso que asistes a un curso de idioma y te apetece plantear un plan a los compis fuera del aula: propones fika. O que te acaban de contratar y tu jefa te cita a una primera reunión informal: propondrá fika. El vecino con el que coincides en el tvättstuga aparenta ser una persona abierta y amigable: proponle fika. 

Este formato de socialización es muy popular aquí y te abre las puertas de consolidar vínculos con otras personas de una manera aceptada y que inspire confianza. Quedas en una cafetería y se toma café con pastas y dulces. Quien, como yo, sea amante de té tendrá opción sin problema, aunque según las estadísticas este país es uno de los principales consumidores de café del planeta. Así pues, si quieres tomar fika auténticamente, será café con kanelbullar y chokladbollar. En el caso del trabajo, no hay oficina donde falte la pausa para fika que, en algunos casos, hace función de reunión de equipo una vez por semana.


*Comiéndome el chokladboll que me trajo una compañera de clase por su cumpleaños o, resumido en una palabra, fikapaus.









Ten en cuenta que, si bien en tu cultura puede resultar habitual invitar a tomar algo a casa u otro plan a una persona que tan solo es conocida, aquí darías pie a una situación de lo más incómoda. Si tu intención es causar una buena impresión, mejor ahórrate esta oferta para más adelante, cuando ya lleves unos cuántos fikor y te cerciores de que esa persona está interesada en invertir su tiempo en una amistad contigo. ¡Has leído bien! Buena suerte con ello, no es tarea fácil.  

A la hora de usar esta palabra, recuerda que dispones de ella en dos opciones. Por un lado existe como verbo vi fikar idag = hoy "fiqueamos", hacemos fika, tomamos un café con pastas. O bien como sustantivo vi tar en fika idag = tomamos un fika hoy**. 

Para acabar os dejo con una divertida canción que se oye mucho últimamente y trata, cómo no, del adorado fika. Es en inglés y el vídeo tiene subtítulos.






**Escribo "un" a falta de artículo neutro en castellano, pero apunto que en realidad no existen géneros en sueco así que la palabra no sería ni masculina ni femenina. 

jueves, 2 de marzo de 2017

Alkoholfri

Es curioso aquel momento en que, mientras organizas una pequeña cena en casa con amigos, te planteas qué ofrecerles para beber. "¿Qué tal una botella de vino? Cuando pase por el supermercado a por el resto de ingredientes echo un vistazo a ver qué tienen." Nada más lejos de la realidad, si tú intención es consumir alcohol fuera de un bar, mejor empieza a organizarte. Adoptar el hábito de la planificación sueca se vuelve entonces imprescindible, dado que la venta de bebidas alcohólicas está restringida a una sola cadena de tiendas autorizadas por el estado. Ningún comercio opta a vender esta clase de producto a excepción de algunas cervezas de baja graduación que se pueden encontrar en los supermercados convencionales. 

Dicho establecimiento se denomina Systembolaget y puede encontrarse en la mayoría de los municipios. Eso sí, con un horario considerablemente limitado. La espontaneidad que surge un domingo a mediodía en el que te entran ganas de acompañar la comida y su correspondiente sobremesa con una copa desaparece por completo. Haberlo pensado antes, ahora ya es demasiado tarde, colega. Aunque sea bastante común que las tiendas en Suecia abran varias horas los domingos, el Systembolag no cuenta con semejante privilegio. Entre semana dispone de un horario que coincide con el de muchas oficinas, cosa que complica el ir a comprar. Te queda la opción de aprovechar un descanso en el trabajo o sacar unos minutos de tu pausa para la comida y acercarte. Si lo dejas para el sábado, no te despistes, abre en horario reducido de diez a tres.

¿Por qué tanta complicación? Pues la aventura sigue cuando decides ir a ver la famosa tienda personalmente. Cada una de las veces que hemos ido, nos piden la identificación para comprobar que tenemos edad suficiente, pero...¿no eran veinte años? Resulta que, según la ley, los dependientes están obligados a pedir el carnet tanto a la persona que compra como a sus acompañantes si les parece que no superan los veintiséis. No me preguntes la lógica de dicha normativa, pero así nos lo aclaró un amigo sueco. Por otro lado es interesante saber que, en realidad, a partir de los dieciocho años se puede consumir alcohol bares o restaurantes, pero no comprar en Systembolaget

Como guinda del pastel os diré que el día que entré a su correspondiente página web me dio mucha risa: antes de nada debes pulsar un botoncito en el que aseguras que tienes veinte años o más. Vamos a ver, en caso de ser menor, ¿de qué manera iban a comprobarlo? Coherencia humana en todo su esplendor. En la imagen de aquí abajo podéis leerlo directamente.



Desde luego en esta cultura la relación con el alcohol es bastante diferente a la mentalidad mediterránea. Si yo entiendo el beber como un acto social, gastronómico o de disfrute ocasional, aquí me encuentro otra historia. Beber entre semana está generalmente mal visto. Una copa de vino con la comida de mediodía, algo raro. Ahora bien, cuando llega el viernes noche las masas se transforman. Las personas que entre semana se muestran silenciosas y retraídas hablan a voces en la puerta de un bar. Las cenas de empresa están llenas de personajes extremadamente borrachos por los suelos. Quien no tiene con quien salir, se queda solitariamente en casa y toma litros de cerveza cual agua del grifo. Menudo paisaje de metamorfosis. El evaluar qué opción resulta más saludable, lo dejo a vuestra elección.

Comentando mis impresiones con uno de mis últimos profesores de sueco, me dio una explicación histórica a la restricción de venta de dichas bebidas. Me explicaba que, a inicios del siglo veinte, Suecia era un país muy diferente al panorama actual. Una de las problemáticas sociales más graves era precisamente la alta tasa de alcoholismo entre la población. Al parecer, algunos capataces llegaban a pagar sueldos enteros a base de su equivalente en bebida. Y es que una gran parte de los ciudadanos vivían en pobreza y precarias condiciones, así que se refugiaban en el consumo de alcohol para sobrellevar dicha situación, especialmente durante los duros inviernos que padecían.

Esperemos, entonces, que estas medidas contribuyan al bienestar común. Por mi parte puedo decir que ayer asistí a una inauguración en uno de mis centros de arte favoritos y tanto el vino como la cerveza eran analcohólicos. Esto, junto con unas patatuelas, formaban un piscolabis de lo más políticamente correcto que nos permitió estar bien atentas a las elucubraciones del artista.

  

jueves, 23 de febrero de 2017

El templo de la discusión

En todos y cada uno de los pisos en los que he vivido hasta ahora, he dispuesto de lavadora como un electrodoméstico más. Se entiende como un elemento básico y al entrar a una nueva vivienda esperas encontrarla, del mismo modo que hay baño o mesa para comer, entre otros. Un detalle más que das por sentado hasta que alquilas un piso fuera de la península ibérica y caes en la cuenta de que allí no es algo tan obvio. 

Como probablemente intuiréis, Suecia es uno de esto casos. Aquí el hábito más extendido es el de bajar a la lavandería para hacer la colada y, debido a ello, hay quien la considera una especie de sala de estar común donde se congregan periódicamente los vecinos del barrio. En este espacio pasas un buen rato esperando que dichos aparatos hagan su función, de manera que da lugar a conversaciones, encuentros y discusiones de todo tipo. Yo, la verdad, no me siento identificada con esta versión, aunque bien es cierto que mi circunstancia es algo diferente. 

Cuando hace algunos meses entramos a vivir al piso actual, la casera nos informó alegre y orgullosa de que acababan de instalar una lavandería privada en el edificio de lo más moderna. "Bueno, más cómodo, así no hay que salir a la calle", pensé, sin entender del todo por qué la buena mujer le daba tanta importancia al asunto. Una vez bajamos a ver dichas instalaciones, comprendimos su satisfacción: era una lavandería de lo más postureta, oiga. Había una sala para diferentes tipos de lavado, habitaciones de secado, aparatos de planchar especializados cuya existencia desconocía por completo -y que, por cierto, todavía no he usado-. En otras palabras, el paraíso de los amantes del suavizante. Al estar en el propio edificio, desaparece la necesidad de quedarse a esperar, simplemente lo pones en marcha y subes de vuelta a casa a hacer tus cosas, de forma que el contacto con los vecinos se reduce a un hola y adiós, poco más. 

Aun así, el otro día leí un artículo de opinión sobre estas estancias en el que sí me vi reflejada. El sujeto comentaba que identificaba el tvättstuga (así se llama en sueco) con un templo sagrado donde se deben seguir las normas a la perfección. El uso de la lavandería equivaldría, según su experiencia, a una serie de rituales que cumples de manera ceremoniosa con tal de preservar el orden entre los usuarios y respetar los turnos de cada uno. Daba especial importancia a ser puntual con la hora que reservas y, de hecho, como tardes más de cinco minutos a bajar y meter tu colada a la lavadora pierdes el derecho instantáneamente. Otro vecino podría bajar y usarla en tu lugar. Reconozco que esta parte la comparto íntegramente, ya que en caso contrario sería un caos. Por otro lado, sacaba a relucir la cuestión de dejar todo bien limpio y en perfecto estado después de usar las instalaciones. Si un vecino encuentra la sala hecha un desastre y ve en el horario que tú eras la última persona que lo ha usado, recibirás multitud de notas amenazantes y amargas quejas en las zonas comunes. Además, saca un tema especialmente irritante y es olvidarse la colada dentro de la lavadora impidiendo que el siguiente turno pueda usarla. Si es un sueco el que se encuentra tus cosas, por lo general no le apetecerá manipular tu ropa interior y se enfadará enormemente enzarzado en su contradicción interna: encontrar una solución que evite por todos los medios enfrentarse directamente a la persona culpable. El autor insistía en lo desagradable que le resultaría, como persona sueca, llamar al timbre del vecino para discutir cara a cara sobre el problema. Cualquier cosa menos eso.

En este sentido sí que vi un gran paralelo con la forma de afrontar conflictos en ambientes sociales mayoritariamente suecos, generalmente hablando, por supuesto. Habrá excepciones como en todas partes, pero sobre la mesa queda el testimonio del personaje citado. Si se puede acudir a un intermediario, dejar una nota en el rellano o evitar la confrontación, mejor que mejor. Es como cuando un vecino hace ruido o se salta alguna norma, en lugar de ponerse en contacto con dicha persona, se llama al gestor de la comunidad de vecinos y que éste le mande una carta o hable por su cuenta con el causante del desorden. 

Para acabar os cuento que hace algunas semanas me vi involucrada en un incumplimiento de normas del tvättstuga. Me dirigía a tender la colada en la sala de secado a primera hora de la mañana, cuando abro la puerta y veo que alguien ha olvidado su ropa. Compruebo la tabla de reservas y...llevaba más de doce horas infelizmente abandonada y rígida. ¿De verdad el vecino no echa de menos su ropa durante tantas horas? ¿Será alguno de los jubilados que se quedó ayer traspuesto y no recuerda haber lavado nada? ¿Quizás uno de los más jóvenes del edificio que se fue de fiesta parda y aún no ha vuelto? Infinitas posibilidades y una rápida solución: dejar su ropa en una cesta y lógicamente colgar la mía en su sitio. Supongo que así le ahorro el momento conflicto dramático. ¿Será posible? Sea quien fuera, menudo sinvergüenza malhechor.





*En la foto veis la tabla con horarios donde cada vecino reserva colocando el código de su piso.


jueves, 16 de febrero de 2017

The Swedish theory of love

Hacía meses que tenía pendiente ver este polémico documental que causó tanto revuelo cuando fue estrenado y sigue dando pie a interminables discusiones a día de hoy entre los espectadores. Salió a la luz hace poco más de un año y llamó mi atención al ver que indaga en uno de los estereotipos más conocidos y probablemente criticados de la sociedad sueca: el individualismo. Aunque la tendencia hacia un estilo de vida cada vez más autónomo parece manifestarse como general en todo el mundo occidental, se suele insistir en que dicho aspecto se da de forma más pronunciada en ciertos países nórdicos, así que el documental se dedica a analizar los supuestos efectos que este modelo social acarrea hoy en día.

Durante los años setenta del siglo pasado, los teóricos y políticos suecos unieron sus esfuerzos para llevar a cabo un proyecto llamado "La familia en el futuro", según el cual implementaron una serie de mejoras sociales con tal de fomentar la independencia de los ciudadanos. Estos cambios tenían entre sus objetivos liberar a la persona de los anclajes de la familia tradicional, de modo que pudieran elegir libremente cómo organizar sus estructuras familiares y decidir con quién desean convivir. Suecia se volvió rápidamente pionera en el panorama europeo favoreciendo un contexto donde las mujeres pueden decidir ser madres solteras, las parejas tienen hijos y forman un núcleo familiar sin necesidad de casarse, así como también se trabaja en reducir la dependencia económica entre los miembros de la familia, por ejemplo. Así pues, la idea de base que cimienta este modelo es que todo ciudadano tenga similar oportunidad de desarrollarse personal y profesionalmente en la sociedad, estableciendo lazos afectivos basados en el amor y el libre albedrío.

Desde este momento hasta la actualidad, dicho modelo social se ha ido asentando y ha dado sus frutos. Lo sorprendente desde mi perspectiva es que el reportaje parece centrarse en las consecuencias negativas, mientras que olvida en cierto modo los resultados positivos de ello, transmitiendo un mensaje de aire desesperanzador. Por un lado, debo decir que el reportaje se basa totalmente en datos reales y en hechos, aspecto a valorar. Pone sobre la mesa problemáticas sociales como la cantidad de personas que mueren en la soledad de sus hogares, en algunos casos sin que nadie se dé cuenta y lleguen a pasar dos años hasta que los vecinos dan la alerta a causa del olor insoportable a putrefacción. También saca a la luz el índice de suicidios y la dificultad para encontrar a familiares del difunto que puedan responder en su nombre para hacerse cargo de sus propiedades y dinero. Además, investiga temas como el aumento de personas que eligen tener descendencia por medio de la inseminación artificial, ahorrándose el contacto físico con otros individuos. 

Por supuesto se trata de problemas serios y notablemente graves, y sinceramente creo que es necesario invertir recursos y empeño en establecer soluciones cuando antes. Pero...¿dónde queda nombrar las ventajas que ofrece esta sociedad? ¿Dónde queda reconocer el nivel de emancipación de los jóvenes suecos, que no están obligados a vivir en casa de sus padres hasta los treinta ni depender de su dinero para financiarse los estudios? ¿Dónde queda reconocer que el mayor número de madres solteras está relacionado con su independencia laboral y económica para sustentar una familia? Echo en falta reconocer el otro lado de la balanza, examinando temas como la atención que brinda el estado a las personas de avanzada edad que tienen una movilidad reducida o cualquier otro tipo de dificultad, por ejemplo. O como no hay necesidad de involucrar a nadie ni hacer malabares imposibles para atender a tu hijo pequeño cuando se pone enfermo: te quedas en casa ese día y no hay problema alguno en la oficina. 

Por otro lado, la interpretación que se ofrece del éxito que tienen las empresas dedicadas a la inseminación artificial suena un tanto parcial y pobre. ¿Tener hijos por tu cuenta para no tener la obligación de soportar a una pareja? No niego que esta motivación sea válida para algunas personas, pero resulta frívolo generalizar y falta considerar a muchos otros usuarios. Si alguien desea tener descendencia pero no cuenta con una pareja estable, ¿por qué anclarse a esta idea y depender de esta espera cuando se dispone de medios económicos y afectivos suficientes? También usan la inseminación parejas del mismo sexo, por ejemplo, o bien heterosexuales con dificultades para concebir, junto con un sinfín de casos. Todos y cada uno de ellos con el mismo nivel de legitimidad. 

Nada es blanco o negro en esta vida, tenemos una amplia gama de colores entre uno y otro. No existe un sistema u organización social perfectos, sin embargo lo que posiblemente nos acerque a construirlo sea ser realista con las carencias y dedicarse a sanarlas por un lado, mientras que por otro reconocemos e impulsamos las virtudes. 




En cualquier caso, encuentro el documental interesante y os recomiendo dedicarle un rato a ver que impresión os despierta. Es inglés y sueco pero seguro que lo encontráis con subtítulos. Aquí tenéis la portada en una versión en castellano.


jueves, 9 de febrero de 2017

Cruzando el puente Øresund

Una de las ventajas de vivir en el sudoeste de Suecia es lo bien comunicada que está la zona con algunos países vecinos, por lo que se convierte un pecado casi capital desaprovechar la oportunidad de visitarlos. Desde mi ciudad, Göteborg, hasta Copenhagen hay unas cuatro horas en tren o bus, de modo que el fin de semana pasado nos decidimos a explorar la metrópolis danesa.

Durante los días que pasamos en esta ciudad tuve una sensación inesperada: fue como volver a Europa. Y es que hasta este momento no había notado como me he ido acostumbrando al estilo sueco, en cuanto a estética y entorno urbano se refiere. Supongo que al verlo todos los días, mis ojos lo han ido integrando paulatinamente, de forma inconsciente. Lo definiría como uniforme, sutil, moderado, lineal, ordenado. Cierto es que en el centro de las ciudades hay edificios con un toque especial o relativa antigüedad, pero predomina una homogeneidad que se acentúa en los barrios residenciales, donde las construcciones parecen seguir un patrón con escasas variaciones. 

Fue curiosa, pues, la sensación de sorpresa al pisar suelo danés y percibir esa variedad de colores, texturas, materiales, fachadas... Ese paisaje urbano fruto de los vaivenes históricos, de cómo a lo largo de diferentes épocas y su gusto artístico se han ido añadiendo piezas del puzzle que hoy en día forman la ciudad. Lo que me atrae de dicha heterogeneidad es cómo cada rincón o calle nos habla de su pasado a través del lenguaje visual. Esta atmósfera, a mi parecer, resulta similar a la estructura de muchas otras localidades europeas, sean capitales o poblaciones más pequeñas. Por ello y aún siendo ambos considerados países escandinavos, Dinamarca me inspiró un ambiente mucho más continental.

Otros rasgos diferenciadores que se manifiestan paseando por sus calles son el bullicio y la cantidad de gente que hay en todas partes. Muchas bicis, como no podía ser de otra manera, y personas bebiendo alcohol en el metro o tren como si nada -esto aquí es bastante distinto, el tema merece un post enterito en otra ocasión-. Precisamente íbamos en el tren urbano hacia nuestro siguiente destino cuando reparé en un detalle: la orientación de los asientos. Una cosa que me había llamado la atención al usar el tranvía sueco fue como varios de los asientos están dispuestos de forma escalonada para ahorrarte en la medida de lo posible el contacto con el usuario vecino. No es siempre así en los tranvías nuevos, pero sigue predominando la organización de asientos con pequeña separación individual agrupados de dos en dos. El contraste con el modelo danés se basa en que los vagones están repartidos en una especie de banco acolchado sin separación alguna entre las personas sentadas y cada banco se orienta en frente de otro, es decir, cara a cara. ¿Se trata de un rasgo de diseño banal o más bien un síntoma de las convenciones sociales de cada cultura? Da qué pensar. En cualquier caso, los bancos tipo sofá daban un toque de lo más acogedor y cómodo. 




Con esta foto que tomé os podéis hacer una idea de lo que describo sobre el tren urbano de Copenhagen. También se advierte el espacio que hay cada dos vagones o así dedicado a aparcar las bicis.



jueves, 2 de febrero de 2017

Residencial paraíso

Parece ser que en el sur de Europa abunda la percepción de Escandinavia como el paradigma de esas sociedades racionales y ejemplares donde todo funciona, prosperidad y estabilidad imperan, hay trabajo y se valora el progreso, junto con un largo etcétera. Bueno, en numerosas ocasiones se cumple, no nos vamos a engañar. Así que cada año una notable cantidad de personas decide probar suerte y mudarse a algún país norteño. Al fin y al cabo...¿esto es Jauja, no? 

El hecho de llegar a un país con expectativas tan sumamente altas suele conllevar el equivalente riesgo de batacazo que, en el caso de Suecia, se da cuando te pones a buscar piso. La perfección no existe, ni siquiera en formato nórdico. Y es que encontrar un piso de alquiler en una zona razonable, por un precio adecuado y sin ser sueco se presenta como misión casi imposible. Ya ni te cuento si te pones manos a la obra con poco tiempo de antelación. 

¿Cómo es esto posible? Me explico. El sistema actual que rige la normativa de vivienda tiene su fundamento en la gran reforma llevada a cabo en el país hace algunas décadas con el objetivo de construir las bases de una sociedad del bienestar. En muchos aspectos es de admirar el resultado, como en la estabilidad laboral, el acceso a la educación u otros temas. En cuanto a vivienda, predominó el derecho de toda persona a tener un hogar, hasta aquí todo muy justo. La cuestión es que se puso en marcha estableciendo unas listas públicas para acceder al alquiler en las que te apuntas cuando un piso te interesa. Estas listas tienen un tiempo de espera que actualmente puede variar entre cuatro a siete años en las ciudades más grandes, es decir, Stockholm y Göteborg. Esto se debe a que por cada piso que se ofrece puede haber fácilmente decenas o hasta centenares de personas que se sitúan por encima de ti en dicha lista por tener más puntos.

Por otro lado, tienes dos opciones de contrato posibles: de primera o segunda mano. Si llegas a uno de primera mano, enhorabuena, de ahí nadie te puede mover. Incluso tienes derecho a cambiar tu piso por el de otra persona de contrato equivalente. El de segunda mano, en cambio, tiene fecha de caducidad y al finalizar vuelves a entrar en el círculo sin fin de las listas. El problema con estos contratos limitados es que no suelen durar más de seis meses, como máximo un año en los casos menos frecuentes.

En el centro de esta captura de pantalla podéis leer "cantidad de personas que buscan vivienda 53623" y debajo "cantidad de viviendas libres 326". Se trata de la web de alquiler de vivienda Samtrygg. Para ver más estadísticas en barrios concretos de cada ciudad podéis visitar Boplats.

Vista la situación, si acabas de aterrizar y dispones de poco tiempo, o bien aceptas un cuchitril lejos de la ciudad, o bien compras. Por lo que he ido viendo, la gente que se lo puede permitir acaba hipotecándose con un piso aunque haga escaso tiempo que vive aquí, dado que mudarte cada cuatro meses agota considerablemente. Por supuesto, hay algunas excepciones, como tener contactos y que alguien te alquile directamente su piso antes de publicarlo en la lista, una suerte insólita pero posible. También se da la circunstancia de algunas empresas que contratan a personas extranjeras y les echan un cable a la hora de encontrar piso, según me explicó una conocida que trabaja para la marca de automóviles más grande de Suecia.  

Pero no desesperes, siempre queda la opción de instalarse en el campo o cualquier diminuto pueblo del norte donde hay casas para elegir a precios irrisorios. Eso sí, en tal caso prepárate bien para ver nevar hasta en agosto y vivir seis meses al año de noche.






jueves, 26 de enero de 2017

Ruidos misteriosos

Durante el invierno, los y las suecas tienden a pasar mucho tiempo en casa. Es una costumbre de la que había oído hablar desde que llegué y, ahora que la experimento en primera persona, doy fe de ella. En realidad, dicha tendencia es totalmente comprensible teniendo en cuenta el clima desasosegado que nos acompaña durante esta temporada siendo, además, la más oscura del año. En otras palabras, digamos que sales a la calle y te topas con siete grados bajo cero junto con una brillante capa de hielo en el suelo, la cual aumenta las probabilidades de resbalón y espectáculo matutino. Pues una vez acabas tus quehaceres diarios, lo que te apetece -más que pasear en la oscuridad absoluta de las cinco de la tarde- es recogerte en casa y encender unas cálidas velitas mientras desarrollas cualquier tipo de actividad de interior.

A juzgar por el contexto, entonces, se plantea como una conducta de lo más lógica. Esta devoción por el hogar se manifiesta, por ejemplo, en la cantidad de comercios que encuentras especializados en productos para la casa. De veras, una cosa exagerada. No es casualidad que una de las empresas suecas más conocidas y exitosas en Europa sea Ikea, sólo párate a pensar qué venden. Les gusta cuidar su morada al detalle creando un ambiente cómodo y uno de los elementos que no suele faltar son las velas: en la estantería, en la mesa mientras comes, en cualquier lugar encajan. Durante el mes de diciembre y aproximadamente hasta mitad de enero, es frecuente iluminar las ventanas de manera que se ven desde el exterior, ya sea con lámparas en forma de estrella o, cómo no, más velas. Se colocan en la repisa de la ventana (aquí se orientan hacia dentro) dando lugar a esa atmósfera tan "mysig" que los suecos anhelan desde que los días empiezan a disminuir en horas de luz. Este adjetivo resulta bastante característico de su cultura y podría traducirse como cualidad de acogedor, íntimo, hogareño y confortable.

Así que yo, mimetizándome con el entorno, disfruto del los ratos en casa cual sueca hogareña. Ya tengo mi pequeña vela con olor a lavanda, regalo de una querida amiga, pero aun así hay algo que me sigue inquietando. Son esos ruidos misteriosos. No lo entendía, casi siempre a la misma hora. Incluso, a veces, más de una vez por semana. Hasta que descubrí de dónde venían, me han tenido en estado de intriga, y el caso es que no consigo acostumbrarme. Da lo mismo en que habitación esté, de repente ¡zas! golpe seco. Como si algo se cayera cerca del recibidor. Me acerco a comprobar y...nada. Qué extraño. Cada varios días lo mismo, hay momentos en los que parece que alguien golpee la puerta de forma brusca. Por suerte, casi todo en esta vida tiene una explicación y te puedes imaginar la expresión de mi cara cuando un día me doy cuenta de que, ejem, es el correo. Hay una carta para mí. Lo absurdo del asunto es que era consciente de que las cartas te llegan directas a la puerta, pero como se quedan introducidas en el hueco de la puerta -por lo que puede que no las veas al momento- y a veces es mi pareja quien las recoge, no había relacionado ambos conceptos.

¡Cuánto susto innecesario! Lo mejor del suceso es que, aun conociendo el origen de los ruidos misteriosos, sigo dando un bote cada vez que me pillan desprevenida.




*Aquí veis el escaparate de una tienda de lámparas y todo tipo de iluminación doméstica donde se distinguen los candelabros y estrellas que os comentaba.

jueves, 19 de enero de 2017

Lagom är bäst

Si existe una palabra que identifica la cultura sueca es lagom. Como mínimo eso es lo que afirman mis nuevos conciudadanos. Llegan al punto de asegurar que para poder comprenderla completamente, uno debe ser sueco.

Haciendo oídos sordos a esta sentencia desesperanzadora, la curiosidad me ha llevado a preguntar sobre su origen y consultar alguna que otra fuente. La explicación más popular se remonta al tiempo en que los vikingos dominaban el panorama escandinavo. Se cuenta que, entre sus costumbres más apreciadas, se encontraba la de reunirse alrededor de una gran mesa de madera a beber su típica cerveza, llamada mjöd. Según los defensores de esta versión, dichos vikingos compartían un mismo cáliz y lo iban pasando uno a uno para que todos pudieran beber. El grupo de personas congregadas en este ritual se conoce como lag y a esta palabra se le añade la preposición om, viniendo a significar a grandes rasgos "alrededor de": lag + om. Como los integrantes de la reunión no debían beber demasiado para que hubiera suficiente para el siguiente, a día de hoy lagom expresa este punto medio o moderación.

A pesar del empeño y disfrute que ponen los narradores de esta leyenda, los especialistas en lengua sueca no ven fundamento alguno y nos ofrecen una aclaración con base histórica. Según el consenso actual, esta célebre palabra viene de la antigua forma plural en dativo del substantivo lag (ley). Esto se remonta al tiempo del fornsvenska*, en que se decía laghum y significaba "según promulga o establece la ley", es decir, legalmente. Está documentado ya su uso como adverbio a inicios del 1600 expresando la idea de actuar de acuerdo a la ley, a no quebrantarla. Y así, con el paso del tiempo, su uso se ha ido modificando paulatinamente hasta la concepción actual, refiriéndose a "ni demasiado en exceso ni demasiado poco".

Dejando apuntes etimológicos aparte, vayamos a lo práctico. ¿Cuándo se oye esta expresión? Pues en cualquier momento y lugar, de ahí que en ocasiones cree confusión en los aprendices de sueco. La puedes usar para hablar del tiempo, de tu estado de ánimo, de la calidad de un objeto...o tan simple como:
-¿Está el café demasiado caliente?
- No, perfectamente lagom.


Las implicaciones culturales de este término se dejan entrever, por ejemplo, en el refrán que reza lagom är bäst, que entendería como el aprecio por actuar adecuadamente, en su punto de discreción, sin destacar ni para bien ni para mal. Reconozco que lo que me llama la atención es lo mucho que se insiste en la imposibilidad de traducirlo a ninguna lengua haciendo justicia a los matices y riqueza de su significado. Será porque no soy sueca, pero en confianza os digo que sí le encuentro equivalentes en otras culturas. Sin ir más lejos, cuando descubrí el sentido de dicha palabra me vino a la mente la expresión aurea mediocritas que, aunque frecuentemente es conocida en su forma latina gracias al poeta romano Horacio, los filósofos griegos ya dejaron constancia de ella anteriormente. Su influencia en los pueblos mediterráneos es notable y no significa otra cosa que la voluntad de buscar una conducta moderada o punto medio entre los extremos, en su justa medida. Y, así, vemos casos similares en otras culturas.

Aunque este concepto haya surgido también en otros contextos, lo que sí parece cierto es que no tenemos una sola palabra que lo resuma, sino expresiones compuestas que transmiten esta misma idea, con lo que conserva ese toque especial. Al menos no se me ocurre en las lenguas que conozco. ¿Hay alguna que os venga a la mente?







*Fornsvenska: sueco considerado antiguo que se hablaba y escribía ca 1200-1500.
*Fuente teorías: Monika Åstrom. Språkporten 1,2,3. Studentlitteratur, 2012.

jueves, 12 de enero de 2017

Papel de regalo navideño

Una de las cosas que más me mola hasta el momento de la cultura sueca es el orden. Vale, puede que esto sea relativo en función de donde vengas o hayas crecido, lo sé. Pero yo lo noto, en serio, no estoy acostumbrada. No es que salgas a la calle y sea lo primero que piensas, más bien se trata de algo que está en los detalles pero repercute en cómo funciona el conjunto del sistema.

Si vives en un país mediterráneo, puedo intuir que con toda probabilidad lo notarías. Uno de los lugares donde esto se hace evidente es en la comunidad de vecinos, ese microcosmos donde conviven todo tipo de personas compartiendo desde edificio y rellanos hasta, supuestamente, respeto mutuo. Os aseguro que el ambiente de las viviendas donde compartí piso en Barcelona a lo largo de varios años era muy diferente del que se respira aquí. Silencio, calma, estructura, armonía, deferencia. Allí, en cambio, nunca di con una comunidad en la que no hubiera el típico vecino que grita o hace ruidos a horas intempestivas, o bien el que decide que las normas de los espacios comunes no le incumben, entre un sinfín de pesadas situaciones. Por eso, desde que me instalé aquí, he ido viendo como el aprecio de los suecos por las normas se hace presente incluso en el entorno vecinal.

Fue volviendo de las vacaciones navideñas cuando me topé con un cartel nuevo en la entrada del edificio que me hizo volver a reflexionar sobre el asunto. Al irme a finales de diciembre, ya estaba colgado el cartelito de felicitación que veis más abajo, no podía faltar. Pues en enero habían añadido uno que, sinceramente, me hizo bastante gracia: indicaciones sobre la forma más adecuada de tirar a la basura los restos de papel de regalo post-navideño. Toda instrucción es poca, están por todas partes, y por lo visto según la temporada añaden preceptos extra según las necesidades. Desde luego, la cosa no tiene desperdicio.

La verdad es que tirar la basura se convierte en una tarea de alta responsabilidad. Siempre he sido bastante obstinada con lo de reciclar y muchas personas me decían que perdía el tiempo, que lo dejase pasar. Pues aquí te encuentras la mentalidad contraria: separar la basura es obligatorio y, como te equivoques... ¡multa para la comunidad de vecinos! Tal cual.





*Por desgracia se me pasó hacer foto del otro rótulo con las instrucciones, venía con dibujitos de colores también ;)

viernes, 6 de enero de 2017

¿Esto de qué va?

Uno de los aspectos que más me gusta de viajar es el choque cultural que inevitablemente se genera. Aunque para algunas personas resulte estresante o incluso produzca cierta desorientación, mi mente lo plantea como un universo estimulante, infinidad de cosas por descubrir.

Al mudarte a otro país, el efecto se presenta de forma parecida pero con una notable diferencia: no estás de vacaciones. Sí, cosa que condiciona bastante. Por supuesto, la tesitura varía muchísimo en función de las razones que te llevan a ello. No es lo mismo hacer un intercambio erasmus que irse de prácticas, moverte porque te ofrecen un trabajo que ir a buscarlo, o elegir iniciar una experiencia de voluntariado que huir de una guerra.

Afortunadamente, mi caso no forma parte de las motivaciones más dramáticas, ya que tuve oportunidad de decidir o elegir venir aquí y esto vuelve el proceso mucho más ameno. Conocer una cultura totalmente nueva, aprender un idioma e integrarme en esta sociedad se convierte en una aventura de lo más entretenida. Sin duda, son innegables los momentos en que mandarías todo al garete y te irías por donde has venido, pero hasta ahora las ventajas superan de lejos los inconvenientes. ¿Es parte del proceso, no? En los seis meses que llevo en tierras escandinavas todo parece emocionante y curioso, ya os contaré dentro de un tiempo.

Como antes de venir lo poco que sabía de la cultura sueca venía de los referentes sociales, estereotipos rimbombantes y otros rastros efecto de la globalización, me propongo compartir pequeños episodios de lo que supone la vida cotidiana por estos lares. A veces los contradiré, otras quizá los confirme o, simplemente, os cuente algo que me parezca divertido-peculiar-interesante. Al fin y al cabo, se trata de compartir experiencias y enriquecernos con lo que os apetezca comentar.